La última linterna de Páramos de Poniente · Capítulo 2 de 2
Hasta la mañana
Tavin Aschenfeld · RP-Fanfiction
El miliciano puso la mano en la espada. Mi hermana puso la suya sobre el vendaje. «Si os lo lleváis ahora, morirá por el camino». Nadie habló. El fogón tiraba mal. Entreabrí la ventana y me odié por no ser capaz de hacer nada más inteligente.
Acordaron esperar hasta la mañana. Puse tres platos y me reservé una taza de sopa. Comimos como personas a las que la casualidad había refugiado en la misma cocina, evitando cualquier palabra que pudiera cambiar aquello.
Más tarde, Joren habló de unas obras en Ventormenta y de un padre que nunca había cobrado el salario que esperaba. El miliciano respondió que habían asaltado a su hermano en un camino de Páramos de Poniente. Los dos miraron el pañuelo rojo. Estaba entre el pan y un cuenco de agua ensangrentada.
Por la mañana Joren podía tenerse en pie. El miliciano le ató la mano sana, no las dos. Antes de irse, el muchacho pidió su pañuelo. «Lo que hagas con él lo decides tú», dijo mi hermana, y se lo dio. Se lo guardó en vez de atárselo al cuello. No sé si aquello significaba algo.
Nunca supimos qué fue de él. Una carta o un regreso habrían sido un final mejor para esta historia. Solo quedaron la mesa de la cocina, que fregamos hasta dejarla limpia, y la linterna en la ventana. Desde aquella noche no la apagamos hasta la mañana. En Páramos de Poniente, a veces una luz es la única respuesta que le queda a una granja.