Doce cuencos en Villadorada · Capítulo 2 de 2
Una receta sin cantidades
Kael Funkenflug · RP-Fanfiction
El soldado de Ventormenta cortaba el pan como si de ello dependiera la seguridad de la ciudad. Los hombres de la mesa de al lado pelaban cebollas. Uno empezó a hablar de su granja. Esta vez nadie lo interrumpió. Bajo la mesa, un pollito perseguía una hoja de hierba aromática. Fingí no verlo.
Aguamos el guiso y después volvimos a espesarlo. Alguien encontró avena. Alguien trajo queso. Un gnomo explicó con todo detalle cómo mejorar la distribución del calor y, cuando se lo pedí, se limitó a sujetar la olla. Su aportación fue decisiva. Se lo dije.
Al final se sentaron doce comensales, tan juntos que nadie podía levantar la jarra sin cruzar antes una mirada con su vecino. La lluvia golpeaba los cristales. La mujer de la cesta contaba a sus pollitos. Yo había dejado de contar a los invitados.
El hombre del martillo dejó el cuenco. «Mi madre cocinaba así», dijo. La voz le sonaba distinta. No sabía si hablaba de la sopa o de que cada cual hubiera aportado algo. No pregunté. Hay frases que conviene dejar sobre la mesa como un regalo.
Pasada la medianoche, Mira escribió la receta al dorso de su mapa estropeado: Una olla. Lo que tengáis. Alguien que abra la puerta. El posadero clavó la nota junto al fogón. Debajo añadió de su puño y letra: Los hechizos de fuego siguen prohibidos. Por primera vez me pareció que una cocina sin magia no necesitaba nada más.